Doglife
Bienvenidos a la vida perra
Datos personales
Gordo, barbudo, depresivo y amigo de sus contadisimos amigos y un poco uraño con el resto. Escribe y dibuja un poco. Tiene el inmenso orgullo de pertenecer al grupo musical avantgard TWL
viernes, octubre 14, 2005
viernes, septiembre 30, 2005

Acción-Reacción-SinRazón
Ya han caído los ladrillos
que emparedan la razón.
Eso quisiéramos.
Cangrejos oscurantistas
se alimentan de la ignorancia,
ávidos;
su gula es infinita.
Las luces apenas afloran.
Los cangrejos continúan
su eterno paseo hacía atrás,
dando vueltas y vueltas,
sobre el mismo excremento,
centro de gravedad
de una podrida mentira
de seres supremos
y cielos imaginarios,
infiernos cercanos,
más próximos a la realidad,
siendo realidad misma en ocasiones,
casi siempre por su culpa.
Ilustración: Cuadors terrible en Alboart
miércoles, septiembre 28, 2005
Cuento cruel Hubo una vez una madre
que amenazada por el padre
mató a los cachorritos de perro
echándolos al río
acompañada de sus dos hijos.
Pero para hacer el trayecto
de la casa al puente,
sin embargo,
agujereó la caja para que
los pequeños perros,
que perecerían en unos minutos,
ahogados en el agua,
no se asfixiasen.
Esa madre existió de verdad
y se llamaba Felicidad Blanc.
FIN
martes, septiembre 27, 2005

Los vientos del otoño
pronto se acercaran por aquí
pero no lograrán quitar
la pesadumbre.
Las plantas y los matojos
quizás se alegren
por el cambio de aires
pero el agua no anula
la anulación.
La falta de inspiración
es tan grande.
La falta de fuerzas
la incomprensión
la falta de motivación
el refugio en lo sicalíptico
y las pocas ganas de nada.
Soledad y quietud en la tarde de septiembre.
Los salterios y violas suenan
la corteza cerebral apenas perciben la belleza
del bosque.
Rocas y cuevas infranqueables
los barrancos de lo ignoto
la basura acumulada
las trampas abandonadas
y animales muertos
secos en los lechos.
El fuego lo arrasa todo.
Nada consigue ser como antes.
La demolición desde dentro.
Ayuno para sufrir sin darse cuenta.
Privación de placeres.
Cuando todo es tan sencillo
lo complicamos.
El odio es el posicionamiento intelectual
más útil que se nos ocurre.
Lo eficaz está en un segundo plano.
La liberación pasa por dolores
y por las neuronas consumidas
hervidas en la amargura
emponzoñadas con pensamientos insanos
cucharones de palo quemados en sus extremos.
Los viejos solo muestran el martirio real amplificado.
Los locos son precoces
que por mecanismos desconocidos
se han acercado más al núcleo.
Yo quisiera estar a millones de años luz del centro de gravedad
pero la sangre se sube a la cabeza por su proximidad.
Ejes podridos que decía el borracho
ojalá todo fuera cotidianidad superficial.
Solo dejarnos llevar por el arroyo contaminado por las heces.
No hay puentes
ni vados
ni escalas de cáñamo.
Piedras resbaladizas
cantos rodados por la devastación
por la enfermedad.
El redondeamiento de aristas
diluidas por la ignorancia
disueltas
al ser pequeños trozos
se meten en los intersticios con fabulosa
celeridad.
Huecos colmatados de hediondos males gaseosos
éter maldito
medio corrosivo
debilitadores de almas desaguadas por el sumidero
del sentimiento de culpa.
Trituración.
Enfrentarse solo es duro
pero peor es arrastrar a alguien al infierno.
lunes, septiembre 26, 2005

En la turbia estancia de mi interior
una luz tenue, nace y desarrolla su espectro cromático,
a veces.
Proyectada en mis pensamientos más obscuros.
Pantalla alicatada con pez y brea
que absorbe todo destello.
Negro comedor de blancos y grises
mezcla de amargura y alegría
tornan en colores tristes, apagados,
como ligados con tinta de calamar
y ocasiones perdidas de antemano.
Solo alguna vez que otra se intuye
que los rojos o los verdes
los naranjas y violetas se registran
en mi memoria de manera pasajera,
fugaz.
viernes, septiembre 23, 2005
Igueldo o pesadilla en el parque de atraccionesEntrar en otro mundo en el siglo XXI
es fácil si sabes como hacerlo.
Lozas verde hospital,
una fría sala de espera
desierta,
minimalista
sin pretenderlo,
la estación del funicular.
Aromas de tiempos pretéritos
aún remanentes,
y atrapado para siempre,
entre el descuido y el olvido,
el misterio.
Los billetes ida y vuelta
garantizan, al menos,
el regreso...
... o no.
Traqueteos en la subida,
entre árboles y piedra
el tren cremallera
avanza,
hacia lo desconocido.
Viejos vagones pintados de rojo Coca-Cola
niños rubios,
lloros de una niña, rubia también,
a la que llaman Ana.
Viejas que se vuelven jóvenes
por el retroceso temporal.
En poco tiempo
llegaremos.
Unas cadenas delimitan la entrada
a la fantasía.
Con Donosti como fondo
en la lejanía
y los montas vascos en lontananza
la casa de la risa
nos da la bienvenida.
Jóvenes saltando en un anuncio.
Niños saltando en las camas elásticas.
Yo por poco no salto.
Arriba lo mejor.
Barracas de feria
paradas en el tiempo,
calle del infierno,
un infierno venido a menos
hace lustros,
con olor a meadas de pony
y a churros.
Tiovivos,
tienda de souvenirs
con conchas, millares de conchas,
formando búhos, ballenas,
a un delfín llamado Pakito,
que se fue
hace tiempo
a reunirse con su amigos.
jueves, septiembre 22, 2005

A veces pienso que no es tan solo un sueño más
Cuando Randolph Carter cumplió los treinta años, perdió la llave de la puerta de los sueños. Anteriormente había compaginado la insulsez de la vida cotidiana con excursiones nocturnas a extrañas y antiguas ciudades situadas más allá del espacio, y a hermosas e increíbles regiones de unas tierras a las que se llega cruzando mares etéreos. Pero al alcanzar la edad madura sintió que iba perdiendo poco a poco esta capacidad de evasión, hasta que finalmente le desapareció por completo.
La llave de plata
del Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter
de H.P. Lovecraft
Anoche
soñé que
en un estudio de radio
mataron a
mucha gente
y había que volver a utilizarlos.
Los pasillos
sangre seca sobre
las baldosas blancas.
Miedo.
Cuando Randolph Carter cumplió los treinta años, perdió la llave de la puerta de los sueños. Anteriormente había compaginado la insulsez de la vida cotidiana con excursiones nocturnas a extrañas y antiguas ciudades situadas más allá del espacio, y a hermosas e increíbles regiones de unas tierras a las que se llega cruzando mares etéreos. Pero al alcanzar la edad madura sintió que iba perdiendo poco a poco esta capacidad de evasión, hasta que finalmente le desapareció por completo.
La llave de plata
del Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter
de H.P. Lovecraft
Anoche
soñé que
en un estudio de radio
mataron a
mucha gente
y había que volver a utilizarlos.
Los pasillos
sangre seca sobre
las baldosas blancas.
Miedo.
ÑÑÑ
Rodaban películas
pero los muertos no salían
ni los que aún no habían nacido
y lo que tenía que ser verde
estaba seco, amarillo
desmenuzado.
Había una habitación de tránsito…
todos en fila
pasábamos
yo era de los vivos.
Todo estaba frío menos el estudio.
ÑÑÑ
Esta tarde también viajé
por lo onírico
como un Randolph Carter
amateur.
Yo estaba en un libro,
que ya había leído.
Nevaba
los niños pasaban frío
hambre
aunque algunos eran ricos
e iban con trineos
y abriguitos con pieles en el cuello.
Mi amigo era un niño,
Marco, el que busca a su mamá.
Esta vez sus padres vivían con él
eran jóvenes, simpáticos, amables
conmigo.
Estábamos en un bar y yo recordé
preguntándome:
¿Cómo pueden estar tan contentos
si van a morir esta tarde?
Claro, ellos no lo sabían
pues no habían leído el libro
como yo.
Me fui de allí
a un supermercado.
Solo compré leche y pan de molde.
Lloraba como no había llorado nunca.
Llore por los padres de Marco
por todos los padres muertos
en mitad de la nieve
con una bolsa del Mercadona
llena de pan y leche.
Los niños estaban con sus trineos.
Empezó a nevar de nuevo.
Rodaban películas
pero los muertos no salían
ni los que aún no habían nacido
y lo que tenía que ser verde
estaba seco, amarillo
desmenuzado.
Había una habitación de tránsito…
todos en fila
pasábamos
yo era de los vivos.
Todo estaba frío menos el estudio.
ÑÑÑ
Esta tarde también viajé
por lo onírico
como un Randolph Carter
amateur.
Yo estaba en un libro,
que ya había leído.
Nevaba
los niños pasaban frío
hambre
aunque algunos eran ricos
e iban con trineos
y abriguitos con pieles en el cuello.
Mi amigo era un niño,
Marco, el que busca a su mamá.
Esta vez sus padres vivían con él
eran jóvenes, simpáticos, amables
conmigo.
Estábamos en un bar y yo recordé
preguntándome:
¿Cómo pueden estar tan contentos
si van a morir esta tarde?
Claro, ellos no lo sabían
pues no habían leído el libro
como yo.
Me fui de allí
a un supermercado.
Solo compré leche y pan de molde.
Lloraba como no había llorado nunca.
Llore por los padres de Marco
por todos los padres muertos
en mitad de la nieve
con una bolsa del Mercadona
llena de pan y leche.
Los niños estaban con sus trineos.
Empezó a nevar de nuevo.




