Igueldo o pesadilla en el parque de atraccionesEntrar en otro mundo en el siglo XXI
es fácil si sabes como hacerlo.
Lozas verde hospital,
una fría sala de espera
desierta,
minimalista
sin pretenderlo,
la estación del funicular.
Aromas de tiempos pretéritos
aún remanentes,
y atrapado para siempre,
entre el descuido y el olvido,
el misterio.
Los billetes ida y vuelta
garantizan, al menos,
el regreso...
... o no.
Traqueteos en la subida,
entre árboles y piedra
el tren cremallera
avanza,
hacia lo desconocido.
Viejos vagones pintados de rojo Coca-Cola
niños rubios,
lloros de una niña, rubia también,
a la que llaman Ana.
Viejas que se vuelven jóvenes
por el retroceso temporal.
En poco tiempo
llegaremos.
Unas cadenas delimitan la entrada
a la fantasía.
Con Donosti como fondo
en la lejanía
y los montas vascos en lontananza
la casa de la risa
nos da la bienvenida.
Jóvenes saltando en un anuncio.
Niños saltando en las camas elásticas.
Yo por poco no salto.
Arriba lo mejor.
Barracas de feria
paradas en el tiempo,
calle del infierno,
un infierno venido a menos
hace lustros,
con olor a meadas de pony
y a churros.
Tiovivos,
tienda de souvenirs
con conchas, millares de conchas,
formando búhos, ballenas,
a un delfín llamado Pakito,
que se fue
hace tiempo
a reunirse con su amigos.


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