
Los vientos del otoño
pronto se acercaran por aquí
pero no lograrán quitar
la pesadumbre.
Las plantas y los matojos
quizás se alegren
por el cambio de aires
pero el agua no anula
la anulación.
La falta de inspiración
es tan grande.
La falta de fuerzas
la incomprensión
la falta de motivación
el refugio en lo sicalíptico
y las pocas ganas de nada.
Soledad y quietud en la tarde de septiembre.
Los salterios y violas suenan
la corteza cerebral apenas perciben la belleza
del bosque.
Rocas y cuevas infranqueables
los barrancos de lo ignoto
la basura acumulada
las trampas abandonadas
y animales muertos
secos en los lechos.
El fuego lo arrasa todo.
Nada consigue ser como antes.
La demolición desde dentro.
Ayuno para sufrir sin darse cuenta.
Privación de placeres.
Cuando todo es tan sencillo
lo complicamos.
El odio es el posicionamiento intelectual
más útil que se nos ocurre.
Lo eficaz está en un segundo plano.
La liberación pasa por dolores
y por las neuronas consumidas
hervidas en la amargura
emponzoñadas con pensamientos insanos
cucharones de palo quemados en sus extremos.
Los viejos solo muestran el martirio real amplificado.
Los locos son precoces
que por mecanismos desconocidos
se han acercado más al núcleo.
Yo quisiera estar a millones de años luz del centro de gravedad
pero la sangre se sube a la cabeza por su proximidad.
Ejes podridos que decía el borracho
ojalá todo fuera cotidianidad superficial.
Solo dejarnos llevar por el arroyo contaminado por las heces.
No hay puentes
ni vados
ni escalas de cáñamo.
Piedras resbaladizas
cantos rodados por la devastación
por la enfermedad.
El redondeamiento de aristas
diluidas por la ignorancia
disueltas
al ser pequeños trozos
se meten en los intersticios con fabulosa
celeridad.
Huecos colmatados de hediondos males gaseosos
éter maldito
medio corrosivo
debilitadores de almas desaguadas por el sumidero
del sentimiento de culpa.
Trituración.
Enfrentarse solo es duro
pero peor es arrastrar a alguien al infierno.


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